Por Olivier Soumah-Mis Coach Interculturalista
Yo mismo he sido expatriado en varios países desde mi infancia, y con 33 años de experiencia preparando, acompañando, formando y entrenando a expatriados, creo que tengo una visión bastante profunda de lo que viven los expatriados.Y los dos grandes retos a los que se enfrentan tanto los expatriados
como sus empresas son concienciar a los responsables de movilidad
internacional, es decir, a las personas que gestionan a los expatriados, que en
la gran mayoría de los casos nunca han vivido la expatriación, del esfuerzo que
supone la adaptación cultural, y concienciar a las centrales de las
multinacionales de que sus distintas filiales no funcionan con los mismos
criterios culturales que en el país de origen de la empresa. Espero que este
artículo contribuya a esta toma de conciencia.
He aquí ejemplos de algunos de nuestros clientes en distintos países.
Cuando María López, una experimentada ejecutiva de marketing de Madrid,
se trasladó a Seúl para un puesto de alto nivel, esperaba una transición sin
contratiempos. En cambio, se sintió paralizada por jerarquías laborales no
escritas y desconcertada ante colegas que asentían cortésmente pero nunca
expresaban desacuerdo. "Sentía que fracasaba cada día", admite. La
historia de López no es única. En todas las industrias, los expatriados
enfrentan barreras invisibles que van más allá del idioma y que determinan si
se hunden o nadan en sus nuevos roles.
Las luchas invisibles de la expatriación
La expatriación suele venderse como una oportunidad crucial para la carrera. Sin embargo, detrás del encanto de los destinos internacionales se esconde una realidad agotadora. Los recién llegados enfrentan una curva de aprendizaje implacable:
- Supervivencia diaria: Tareas simples
—alquilar un apartamento en Tokio, descifrar etiquetas en árabe en el
supermercado o entender las normas de reciclaje de la basura en Alemania—
se convierten en rompecabezas agotadores.
- Aislamiento social: Normas culturales,
como la estricta separación entre vida laboral y personal en Alemania o la
comunicación indirecta en Japón, dejan a muchos expatriados sintiéndose
perdidos. "No me di cuenta de cuánto eran importantes las charlas
informales en el café para generar confianza entre colegas", confiesa
James Carter, un ingeniero australiano en Berlín.
- Trampas profesionales: Malinterpretar
costumbres empresariales locales puede truncar carreras. Un gerente
estadounidense en Riad lo aprendió por las malas tras criticar
públicamente una idea de un colega, un gesto considerado profundamente
irrespetuoso y grosero en la cultura consensuada de Arabia Saudita.
Expectativas corporativas vs. realidades
culturales
Las empresas envían expatriados para impulsar el crecimiento, innovar y liderar equipos globales. Sin embargo, muchas fallan en prepararlos para los campos minados culturales que encontrarán.
"Exigimos resultados a los expatriados como si aún estuvieran en su
país de origen", explica la Dra. Sophie Müller, consultora intercultural
con sede en Ginebra. "Pero sin entender cómo se hacen
negocios localmente, hasta los mejores profesionales tropiezan".
Ejemplos claros:
- Una directora tecnológica francesa en Mumbai
choca con su equipo por los plazos "flexibles", ignorando que en
India el tiempo prioriza las relaciones sobre los horarios estrictos.
- Un ejecutivo nigeriano en Toronto aliena a su
equipo al desestimar sus ideas, malinterpretando la colaboración
canadiense como indecisión.
"El costo del fracaso es enorme", advierte Müller. "Una
asignación expatriada puede costar hasta cinco veces el salario anual del
empleado. Y el 20% termina antes de tiempo por mala adaptación cultural".
El preparado vs. el no preparado: dos
historias opuestas
Caso 1: El poder de la preparación
Cuando Emma Schmidt, una líder alemana en Fintech, fue asignada a Shanghái, su empresa la inscribió en un programa de formación cultural de 12 semanas. Aprendió los matices del guanxi (construcción de relaciones), practicó frases en mandarín para negociaciones y simuló escenarios con un coach.
"El entrenamiento me enseñó a detectar respuestas como 'sí, pero'
en reuniones, una señal de duda en China", explica Schmidt. En cuatro
meses, cerró una alianza con un banco local clave. "Sin esa preparación,
habría avanzado a ciegas y fracasado".
Caso 2: El alto costo de la ignorancia
En contraste, Diego Márquez, un director comercial colombiano, llegó a
Estocolmo convencido de que su carisma conquistaría a los clientes suecos.
Omitió las capacitaciones culturales, sin saber que los suecos valoran
propuestas basadas en datos más que en conexiones personales. Su primera
presentación, llena de bromas y anécdotas, fue recibida con silencio. Seis
meses después, los ingresos de su equipo caían un 40%. "Me sentí
humillado", confiesa. "No sabía lo que no sabía".
Por qué las empresas deben invertir en
agilidad cultural
Las organizaciones visionarias están reinventando el apoyo a expatriados:
- Capacitación previa al destino: Talleres intensivos
sobre costumbres locales, estilos de comunicación y "cambio de código
cultural".
- Coaching in situ: Asesoría en tiempo
real para navegar crisis, como un gerente suizo en Dubái que ajustó su
liderazgo durante el Ramadán.
- Apoyo familiar: Clases de idiomas y
redes laborales para cónyuges, reduciendo la rotación vinculada al
descontento familiar.
"El retorno de la inversión (ROI) es innegable", afirma Anika
Patel, directora de Movilidad Global en Horizon Consulting. "Los
expatriados con formación cultural alcanzan la productividad un 50% más rápido
y reportan un 30% más de satisfacción laboral".
Conclusión
Conclusión:
Invertir en el éxito
La
expatriación no es sólo un traslado laboral, es una transformación. Las
empresas que invierten en formación cultural, apoyo lingüístico y coaching
intercultural permiten a los expatriados
-
Establecer más rápidamente un clima de confianza.
-
Evitar costosos pasos en falso.
-
Lograr resultados mensurables en la mitad de tiempo.
Para los expatriados, la preparación facilita la transición del modo de supervivencia a la autorrealización. Transforma el choque cultural en curiosidad, el aislamiento en integración y la fricción profesional en colaboración. El mensaje es claro: la competencia cultural no es opcional, es la clave para liberar todo el potencial de las misiones internacionales.
Para
las organizaciones, la elección es sencilla: preparar a sus expatriados o pagar
un alto precio por su curva de aprendizaje que sera lenta, empinada y sin guía.
María
López, que se salvó en el último minuto gracias al coaching intercultural en
Seúl, lo resume así: «La formación no sólo me enseñó etiqueta. Me enseñó a ver
el mundo de otra manera. Eso fue lo que salvó mi misión».
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