En
pocas semanas, México será anfitrión de una nueva Copa Mundial de Fútbol.
Por
Olivier Soumah-Mis Especialista de las diferencias culturales en los negocios
internacionales
El
país vibra, se ilusiona, se prepara.
Y, como cada cuatro años, surge la misma pregunta:
¿Por
qué un país con tanto talento futbolístico no logra brillar con su selección
nacional cuando jugadores mexicanos lo hacen en el extranjero?
No es una pregunta nueva.
Tampoco es una cuestión técnica.
Ni física.
Ni táctica.
Es,
sobre todo, una cuestión cultural y psicológica.
1. El talento mexicano existe — y en Europa lo saben:
Cuando
los futbolistas mexicanos juegan en clubes europeos, su rendimiento es
extraordinario.
No es
teoría: es evidencia.
- Hirving Lozano brilló en el PSV y
fue campeón en Italia con el Napoli.
- Edson Álvarez se consolidó en el
Ajax y hoy es figura en la Premier League.
- Raúl Jiménez fue ídolo en el
Wolverhampton.
- Andrés Guardado se convirtió en
referente del Betis.
- Héctor Herrera fue campeón con el
Atlético de Madrid.
- Memo Ochoa ha sido héroe en
Francia y Bélgica.
En
Europa, estos jugadores destacan por su disciplina, su ambición, su
profesionalismo y su fortaleza mental.
Entonces,
si el talento está ahí… ¿qué pasa cuando regresan a la selección?
2.
Cuando la camiseta activa algo más profundo que el futbol:
Jugar
en la selección mexicana no es solo competir y jugar fútbol.
Es
cargar con:
- la historia,
- la identidad,
- la presión emocional,
- las expectativas
colectivas,
- y un relato cultural que
pesa más de lo que imaginamos.
En México, la historia se enseña con un énfasis muy fuerte en la herida, en el dolor:
“Nos
conquistaron, nos sometieron, nos robaron, nos chingaron…”
Este
discurso —repetido durante toda la escolaridad— no solo informa: forma.
Moldea la manera en que una sociedad se percibe a sí misma.
No se
trata de negar la historia.
Se trata de entender que la narrativa importa.
Cuando
un jugador vuelve a México, vuelve también a ese marco mental donde:
- el sufrimiento es parte de
la identidad,
- la humildad se confunde
con resignación,
- la ambición se percibe
como arrogancia,
- el error se castiga con
dureza,
- el éxito genera sospecha,
- y la presión emocional es
inmensa.
En
Europa, el jugador es profesional.
En México, el jugador es símbolo.
Y eso pesa.
3.
La memoria traumática: una herida abierta que sigue influyendo
México vive con una memoria traumática colectiva e inconsciente que no ha terminado de procesar.
“La
conquista es una herida abierta y dolorosa en el inconsciente colectivo.”
Esa
herida no sanada genera:
- inseguridad,
- baja autoestima,
- necesidad enorme de
reconocimiento,
- miedo al juicio,
- dificultad para asumir la
propia identidad mestiza,
- y una tendencia a vivir
mirando hacia el pasado.
Cuando
un jugador regresa a la selección, regresa también a ese espacio emocional
donde la historia pesa más que el presente.
Y
ningún atleta del mundo rinde bien cuando juega para no fallar en
lugar de jugar para ganar.
4.
Las barreras invisibles que afectan el rendimiento
No hablamos de defectos personales.
No hablamos de “los mexicanos son así”.
Hablamos de tendencias culturales, de patrones educativos, de mensajes repetidos durante generaciones.
“El
mexicano es muy inseguro… tiene una autoestima muy baja… sufre de inestabilidad
emocional…”
Estas
características no definen a todos, pero sí influyen en el clima emocional del
equipo.
Y en
el futbol, como en la vida, la mente juega tanto como los pies.
5.
¿Cómo se rompe este ciclo?
Con
trabajo cultural, no solo futbolístico
Lo que
yo, especialista de las problemáticas culturales, propondría a la Federación
Mexicana de Futbol es disruptiva, pero profundamente sanadora:
- sanar la relación con la
historia,
- reconectar con las raíces,
- reconstruir la identidad,
- fortalecer la autoestima,
- transformar la narrativa
colectiva,
- y liberar al jugador del
peso emocional que no le pertenece.
No se
trata de olvidar el pasado.
Se trata de hacer las paces con él.
No se
trata de negar la herencia indígena.
Se trata de reconocerla y honrarla.
No se
trata de cambiar a los jugadores.
Se trata de liberar su potencial.
6.
México ganará… cuando estará convencido que merece ganar
El talento está.
La pasión está.
La capacidad está.
Lo que
falta —y esto es profundamente humano— es un cambio de narrativa
interna.
Cuando
un país deja de verse como víctima,
cuando transforma su dolor en fuerza,
cuando convierte su historia en motor y no en carga,
entonces sus equipos, sus empresas, sus instituciones y sus ciudadanos empiezan
a rendir de otra manera.
El
futbol es solo un espejo.
Lo que vemos en la cancha es lo que vive la sociedad.
Este
Mundial en casa no es solo un torneo.
Es una
oportunidad histórica para que México se mire de frente, reconozca sus heridas,
y empiece a jugar —en el futbol y en la vida— desde sus fortalezas y no
desde sus debilidades.
Dicho
todo eso, esperamos que el equipo nacional tenga una gran copa del mundo.
































